Firmeza y eficacia cartelera resultados

31
mayo
2011

Pertenece a Pelota Vasca

0 Comentarios

Duración: 56:30 minutos de juego.

Saques: 4 de Olaizola II y 4 de Bengoetxea VI.

Pelotazos: 264 pelotazos a buena.

Tantos en juego: 14 de Olaizola II y 8 de Bengoetxea VI.

Errores: 3 de Olaizola II y 3 de Bengoetxea VI.

Marcador: 1-2, 4-3, 5-4, 12-5, 13-6, 13-7, 14-8, 15-9, 16-14, 20-15, 22-15.

Incidencias: Buena entrada en el Atano III.

 

import 10032564 11 Firmeza y eficacia cartelera resultados

Aimar durmió ayer en semifinales. Atrás había quedado la penúltima piedra en el camino hacia la alfombra roja, Oinatz Bengoetxea, desdibujado, en el Atano III.El de Goizueta, regular, paciente e inteligente, derrumbó las atalayas rivales como una exhalación, puesto que las primeras distancias, que se mecían entre los remates de uno y los de otro, fueron labradas con la velocidad del rayo, fundamentadas en gran medida en la falta de mordiente del leitzarra, incapaz de reventar el frontis con el saque-remate y, sin la oportunidad de sumar con este recurso, el duelo se puso demasiado cuesta arriba. Tan empinado era el trayecto que, anclado entre los cuadros cinco y seis, sin la oportunidad de acabar rápido, Oinatz, portento cerca del frontis, no podía ni tirar de sotamano, solamente quedaba su imaginación y su trazo de arquitecto para batallar ante el de Goizueta.

Y es que, al inicio, mientras los cuerpos se anclaban en el Atano, el de Leitza bien podía haber presumido de remate, pero tan pronto llegaron las musas como desaparecieron. Aunque Bengoetxea recita a la perfección los versos de los cuadros alegres, su adversario, ducho en la creación pero aún más hábil a la hora de manejar los tiempos del choque, no se impacientó e hizo gala de su virtud de cazador. Comenzó con sus armas: saque bombeado; después llegó la fortaleza de piernas y la amplitud de pulmones y más tarde la falta de inoperancia rival en el saque remate derivó en oportunidades para gozar de golpe y desmontar el andamiaje de Bengoetxea. Aimar, listo, alzó su inteligencia y bajo su bandera se puso a golpear. Oinatz, mientras lo hacía casi todo bien: aguantaba, cerraba huecos, dominaba en ocasiones, buscaba el enredo en los cuadros alegres, pero, fallaba en lo que mejor sabe, el remate. No acertaba en el disparo y, Aimar, un blanco complicado, se balanceaba sin problemas bajo el fuego cruzado del leitzarra. Así, ante los problemas de finalización del delantero azul, Aimar desbrozaba su base más impenitente.

Sin la resistencia esperada, Olaizola comenzó a abrir brechas de oro en la semifinal. Oinatz no claudicaba e, incluso, buscaba a pecho descubierto, fiel a su estilo y honesto a su juego, las formas geométricas del frontón para abrazar la espectacularidad. Pero solo cuando le dejaba su contrincante, al que no le gusta el filo de la navaja ni las concesiones. No obstante, primero con el saque bombeado y después cruzando los golpes, Aimar evitaba la posibilidad de que el leitzarra lo tuviera fácil. Anulado el sotamano y, ante la falta de suerte, apelar a la genialidad parecía una locura. Pero, Oinatz, nacido en un frontón, amamantado en un frontón, crecido en un frontón, vive para reventar la casuística y la lógica, lo hizo en 2008, cuando rebanó un marcador de 7-0 contra Aimar, al que le metió un parcial de 0-15.

Abrazado a lo inusual, a lo intangible, cuando la brecha era amplia y doblegaba las esperanzas azules, 12-4, una dejada en la punta de Oinatz le empezó a coser la herida, que supuraba ante la invulnerabilidad rival. El de Leitza, sin aprovechar el saque remate, tuvo que recomponerse a base de clase. Y rozó la épica con golpe ajustado y los primero síntomas de cansancio rival. No en vano, con el saque preciso, escuadra y cartabón por bandera, se puso a construir una remontada casi imposible. Sin embargo, la distancia entre ambos era tal y la herida tan profunda, que, pese a coser siete tantos y estar a punto de abrazar el marcador, Aimar solamente esperó para dar el puntillazo.

Si bien el goizuetarra falló con el resto, una vez la pelota en juego era capaz de volver loco a un Oinatz que era, exceptuando detalles de fuera de serie como el dos paredes en medio de la arrancada, con los colmillos sin afilar, pero honesto en sus prestaciones. Y, así, se impuso Aimar, firme, disciplinado, y haciendo una lectura del partido casi perfecta.

Fuente:noticiasdealava.com