Este es el futuro que le espera al nuevo Frontón México

15
marzo
2017

Pertenece a Frontón / General

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Víctor Lara es un bolero que durante más de 20 años tuvo su silla de trabajo fuera del Frontón México. Pasaba tanto tiempo ahí que hasta sus hijos empezaron a jugar jai alai por las tardes, claro, después de ayudar en el negocio de su padre. Inclusive, uno de ellos llegó a ganar torneos nacionales e internacionales en ese deporte.

“Yo era muy pequeña, pero cuando lo cerraron, no olvido la postal de mi tío quitando su silla y mi primo llorando porque habría que renunciar a eso”, recuerda Adriana Becerra, sobrina de Víctor.

Esto ocurrió en octubre de 1996, cuando el inmueble de la colonia Tabacalera, en el centro de la Ciudad de México, cerró sus puertas debido a problemas económicos y a un conflicto sindical. Pero este 10 de marzo, el Frontón México reabrió sus puertas con un concepto acorde al siglo 21 y en el cual se invirtieron 35 millones de dólares.

Un lugar exclusivo

Este emblemático edificio Art Decó, que se sitúa a un costado del Monumento a la Revolución, fue inaugurado la noche del viernes 10 de mayo de 1929 por el presidente Emilio Portes Gil, y fue uno de los primeros inmuebles techados para eventos deportivos masivos en todo el mundo. Sólo su estructura de acero pesaba 96 toneladas.

 

Para entrar, se debía vestir de riguroso saco y corbata, y rápidamente se convirtió en un centro de reunión de la clase alta de la Ciudad de México, por lo que era común ver ahí a grandes personalidades de la época, como Agustín Lara, Ernest Hemingway, Mario Moreno “Cantinflas”, Pablo Neruda, María Félix y Orson Welles, además de políticos como Miguel Alemán, Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz, acompañados de toreros, empresarios y turistas. Todos conformaban una selecta audiencia que además, le garantizaba discreción a todos.

Los asistentes realizaban fuertes apuestas, por lo que se convirtió en uno de los lugares en donde se movían las mayores cantidades de dinero en esa actividad, incluso por encima de lugares como el Hipódromo de Las Américas. Sus ganancias semanales eran de varios millones de pesos sólo por concepto de 20 por ciento de las apuestas.

Los “pelotaris”, es decir, los jugadores de Jai Alai que es un estilo del deporte de la pelota vasca-, solían ser personajes de la alta sociedad que ganaban grandes sueldos de entre 5,000 y 10,000 dólares mensuales y que llegaban a los partidos en autos lujosos y vestidos a la última moda. La mayoría de ellos eran españoles y poco a poco fueron incorporándose los mexicanos, aunque estos últimos, en realidad, nunca fueron mayoría.

La pelota vasca fue deporte de exhibición en los Juegos Olímpicos de 1968, donde el Frontón México fue una de las sedes de ese deporte, lo que terminó por convertirlo en uno de los recintos deportivos más importantes del mundo.

Los primeros cierres

En la época de Porfirio Díaz, el Jai Alai fue uno de los primeros deportes espectáculo que llegaron a México; inclusive, en sus primeros años atraía a más gente y a una audiencia más selecta que otros, como el futbol o el beisbol, y sólo competía con las corridas de toros.

Tras un periodo de prohibición (el mismo Díaz prohibió las apuestas, cerrando importantes inmuebles dedicados a esta actividad y que después se convertirían, por ejemplo, en cines, como fue el caso del Palacio Chino y el Real Cinema) y como parte de la recuperación de la Ciudad de México después de la Revolución Mexicana, en 1928 se empezó la construcción del Frontón México, también conocido como “El Palacio de la Pelota”.

En 1937, el presidente Lázaro Cárdenas volvió a prohibir las apuestas, y el Frontón México cerró durante casi siete años, hasta que otro presidente, Manuel Ávila Camacho, lo reabrió, eso sí, sin apuestas, lo cual cambió unos meses después con la promesa de que un porcentaje de las ganancias se destinara a la manutención del manicomio de La Castañeda, en los rumbos de Mixcoac.

Los primeros dueños

El frontón, la pelota vasca y todas sus variantes eran una actividad que movía millones de pesos en México a finales del siglo 19 e inicios del 20, lo que llevó al empresario y jugador, Carlos Belina, a construir este inmueble.

Pero tras el cierre ordenado por Cárdenas, el nuevo dueño fue Moisés Cosío Gómez, quien llevó el lugar al máximo glamour, llenándolo de figuras en la cancha y en sus tribunas. Él compró también el entonces inconcluso proyecto de la Ciudad de los Deportes a mediados de los años 40, y se convirtió en el dueño de la Plaza México y el que actualmente es el Estadio Azul, además de otros terrenos e inmuebles de la zona.

En la década de los 60, el frontón empezó a ser popular en Estados Unidos, por lo que muchos de los pelotaris prefirieron ir a esa país a ganar cantidades todavía mayores y en dólares.

Al mismo tiempo, el Frontón México, ahora en manos de Moisés Cosío Ariño, hijo de Cosío Gómez, empezó a decaer en calidad y en sueldos, además de que en las décadas de los 70 y 80 se empezó a hablar de partidos arreglados y fraudes, lo que terminó definitivamente con el glamour del lugar.

Irregularidades y huelgas

En ese contexto, los pelotaris iniciaron una huelga en febrero de 1987 para demandar aumentos salariales.

Pero en 1990, en pleno sexenio de Carlos Salinas de Gortari, cuando había una especie de euforia por reabrir lugares emblemáticos de la Ciudad de México, como Garibaldi, el restaurante Prendes, la Plaza México o el Teatro Blanquita, el entonces regente, Manuel Camacho Solís, impulsó un acuerdo entre la empresa y los 37 pelotaris que mantenían la huelga, la cual terminó con una liquidación de 400 millones de “viejos” pesos.

Aunque el edificio del Frontón México siguió perteneciendo a la familia Cosío, ese mismo año llegó un nuevo empresario para rentarlo y manejar todo lo referente al jai alai. Se trataba de un tijuanense de 39 años llamado Miguel del Río, quien prometió levantar nuevamente el espectáculo.

Así, remodeló el edificio, abrió una escuela de pelotaris y volvió a poner de moda este deporte (que, inclusive, fue deporte de exhibición en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92), el cual vivió un fugaz esplendor en la Ciudad de México.

Las cosas no salieron como se prometieron y el nivel del espectáculo fue pobre, sin figuras y con poca gente en las tribunas, además de que regresaron las acusaciones de fraudes y partidos arreglados y, por si fuera poco, la nueva empresa dejó de pagar la renta del inmueble por insolvencia.

Ante esto, Del Río intentó que fuera la empresa propietaria del inmueble, que ahora estaba a cargo de Antonio Cosío, la que solucionara estas dificultades económicas, lo cual no se logró.

Finalmente, el 2 de octubre de 1996, se colocaron las banderas rojinegras al exterior de este histórico inmueble, las cuales permanecieron ahí durante dos décadas.

El 12 de marzo de 2017, la Secretaría del Trabajo anunció que este paro, que era el más longevo que se encontraba vigente en la Junta Federal de Conciliación Arbitraje, llegaba a su fin después de que ese tribunal determinara que el pago de los salarios caídos a los huelguistas corresponde a la empresa Operadora de Espectáculos Real de México, de la cual es propietario Del Río.

La remodelación

Sin embargo, desde 2015, Antonio Cosío ya habían empezado la remodelación del Frontón México con el apoyo del gobierno capitalino y bajo la estricta supervisión del Instituto Nacional de Bellas Artes, ya que está catalogado como un monumento protegido con valor artístico.

Los arquitectos originales fueron Teodoro Kinhard y Joaquín Capilla (este último también es el creador de la casona que se encuentra al pie de la Torre Reforma), pero el nuevo proyecto arquitectónico estuvo a cargo de José Moyao, el mismo que remodeló el Teatro Metropolitan y que creó otros importantes centros de espectáculos de la Ciudad de México, como el Foro Sol, el Pepsi Center del WTC y el Foro Banamex de Zentrika Santa Fe; además del Foro Imperial de Acapulco y el Auditorio Telmex de Guadalajara.

En la ceremonia de inauguración del nuevo Frontón México, Moyao dijo que la cancha y la pared, elaborada con un material llamado cantera Chiluca, fueron las únicas parte del inmueble que permanecían prácticamente intactas después de casi 90 años de haber sido construidas y de más de 20 años de no recibir mantenimiento.

Un nuevo centro de espectáculos

Pero el Nuevo Centro de Entretenimiento Frontón México no recibirá solamente partidos de Jai Alai, sino que será un nuevo foro de espectáculos en el que se presentarán también conciertos, obras de teatro, pasarelas, peleas de box, convenciones y otros eventos.

Para ello, la malla que tradicionalmente separa a la cancha (que es considerada como la más grande del mundo) de las tribunas fue sustituida por una retráctil y las gradas también serán móviles, con el fin de aumentar la capacidad que será de 1,500 personas para lo partidos y de hasta 4,500 para otros eventos.

También se hicieron obras para mejorar la acústica del lugar y se equipó con 70 toneladas de tramoyas, iluminación y audio, además de que se construyeron 17 suites de lujo con capacidad para 15 personas cada una, las cuales podrán ser aprovechadas en todos los espectáculos que se presenten en el lugar.

El proyecto también contempla un casino con máquinas y juegos en vivo (que ya está funcionando), un restaurante con bar y un sky lounge para 800 personas que tendrá vista hacia la Plaza de la República y al Monumento a la Revolución.

Además, el Frontón México dará empleo directo e indirecto a 600 personas y dotará de nueva vida a esta zona de la colonia Tabacalera, la cual es una de las más antiguas de la Ciudad de México y que está en un proceso de recuperación, después de que decayera en la década de los 80, especialmente después de los terremotos de 1985.

Antonio Cosío, además de dueño del Frontón México, es director general de Grupo Brisas, un grupo hotelero con presencia en diferentes lugares del país con las marcas Las Brisas, Galerías Plaza, Hacienda Jurica y Nizuc.

Y, precisamente, el proyecto de este nuevo centro de espectáculos contempla la construcción de un hotel de 100 habitaciones, el cual estaría listo en, aproximadamente, año y medio.

Cosío, que es también consejero de empresas como Telmex y Kimberly Clark de México, además de que es director general de Compañía Industrial de Tepeji del Río, dedicada al ramo de los textiles.

Un nuevo inicio

Pero el jai alai será el espectáculo con el que empezará a funcionar esta nueva etapa del Frontón México, y desde este martes habrá juegos los martes, jueves, sábados y domingos; los boletos se venderán a través de su propio sistema de boletaje  y tendrán un costo de 250 y 150 pesos.

En esta etapa participarán 32 pelotaris profesionales y se creará una escuela para formar a nuevos jugadores. Por lo pronto, la noche del 10 de marzo, ya se llevó a cabo un juego de exhibición, por lo que el chasquido de la pelota volvió a escucharse entre sus muros después de dos décadas.

Fuente:altonivel.com.mx