Erkiaga: El ingeniero-puntista de Filipinas

17
marzo
2011

Pertenece a Pelota Vasca

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Mikel Erkiaga es uno de los vascos que ha estado compitiendo en el Bizkaia Jai Alai de Santa Ana Cagayan Valley, en las Islas Filipinas. Ahora, ya en su Zumaia natal, ha tenido la oportunidad de reencontrarse con los suyos y no ha olvidado la cesta, modalidad que sigue practicando a nivel amateur. El guipuzcoano, que antes de viajar a Asia concluyó sus estudios de ingeniería técnica, nos comenta en esta entrevista concedida a www.masterjai.com cómo ha sido esta etapa de su vida al otro lado de los Urales y cómo se plantea el futuro.

Usted ha permanecido cerca de un año en Filipinas.

Sí, justo un año. Cuando estás allí, se echa de menos Euskadi, es que es todo diferente, no había nada e ibas del frontón a la playa. Luego hubo seis meses en los que estuvo lloviendo casi todos los días.

¿Qué es lo que más echaba de menos?

La gente de mi tierra, porque allí siempre estás rodeado de los mismos.

¿Ya está ensayando en Euskadi?

Sí, y no voy a dejar la cesta, es que es algo que no se puede dejar, o sea que ahí ando, yendo a sudar un poco. No puedo jugar el GRAVN, pero competiré en torneos locales.

¿Qué le han comentado los amigos?

Que ya se irían todos un añito a Filipinas.

¿Qué tal se adaptó al país?

Con el tiempo te acostumbras y cuando puedes, pues hablas con los de casa. Lo que se nota es el cambio de chip a la hora de pasar de aficionado a profesional. Ya no se trata de echar cuatro bolas al frontis, sino que debes cumplir dentro la cancha.

¿Ésta era la primera vez que salía de casa?

Sí, y los filipinos son gente majísima. En lo deportivo, no les había visto jugar más que en la Copa del Mundo de Palencia, a la que acudieron dos pelotaris, y poseen un buen nivel, saben lo que tiene que hacer.

¿Qué es lo que más le impresionó al aterrizar en Asia?

La pobreza que existe en Manila. Ves edificios de veinte plantas y allí mismo se encuentra gente pidiendo y durmiendo en la calle. El contraste es exagerado, es algo que tienes que ver, porque no te lo puedes ni imaginar.

En Manila estuvieron poco tiempo.

Estuvimos dos o tres día al llegar, luego fui nueve días de vacaciones en agosto y también viajamos cuando se produjo el tifón. Manila es un monstruo de ciudad, allí te pierdes, mientras que en Santa Ana no hay dónde perderse.

¿Se llevaron mucho susto con lo del tifón?

Cuando llegó, nos pilló en casa y ese día se suspendió la función. Algo de tensión sí que sentía, porque era el primer tifón y no sabía qué era eso, además hizo un viento muy fuerte, llovió mucho y hasta levantó el tejado del frontón.

¿No se agotaba mentalmente al competir todos los días en Santa Ana?

Sí, pero bueno, poco a poco te haces a ello y el cuerpo también se acostumbra.

Me han dicho que usted era el cocinero de la casa.

Vivía con Gorostola, Zeleta, Zabala y Jonathan y yo cocinaba porque era el único que me levantaba por la mañana. Hambre no han pasado y no creo que se puedan quejar de cocinero.

¿Cómo era la vida en Santa Ana?

Íbamos a comer y luego a jugar, o al gimnasio y a la piscina que hay en el casino.

¿Usted no es de los que andaba con el quad por la playa?

Sí, y también hice wind-surf, aunque el mar era tranquilo y sólo hubo olas un par de veces. Al monte fui sólo una vez y en la parte de atrás del frontón ya había una selva.

¿Qué tal llevaba lo del calor?

Bien, lo malo es el frío de aquí, pero bueno.

¿Piensa dedicarse de nuevo profesionalmente a la cesta en un futuro?

Es algo que no me planteo ahora, lo que quiero es jugar aquí y ya se verá qué sucede más adelante.

¿Ha retomado los estudios?

Yo ya terminé ingeniería técnica antes de ir a Filipinas y ahora estoy buscando trabajo, a ver si sale algo.

Texto: Juan Luis Ibarretxe Marcos

Pie de foto: Mikel Erkiaga