David Merino se impone a Jon Ander Albisu

26
abril
2011

Pertenece a Frontón

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bilbao. Duro, no. Durísimo. Kilométrico. Enorme. Complicadísimo. Así fue el encuentro de ayer en el frontón San Lorenzo de Ezcaray. Jon Ander Albisu y David Merino, debutantes en el Manomanista de Primera, sufrieron y murieron sobre la cancha para tratar de obtener un triunfo demasiado complicado. Exageradamente sacrificado. El resuello, el oxígeno, el ácido láctico, los músculos y los pulmones de los manistas sufrieron el devenir de los 36 metros. "Lo máximo", como lo define Rubén Beloki. El enfrentamiento sin trampa ni cartón, los partidos sin las rejas intangibles distorsionadoras de las jaulas, el cuerpo a cuerpo fuera de las bondades de las parejas. Tan completo como epopéyico fue el duelo, en el que los dos, sin cuajar grandes actuaciones o rematar como delanteros, pusieron toda la carne en el asador esgrimiendo posturas de manomanistas añejos, de esos manistas, perdidos por la modernidad del juego de aire y el poder en los cuadros alegres, como el propio Beloki, Galarza o Retegi que sacaron a relucir la poesía del juego a bote. Más romántica, más a degüello y menos preciosista que los versos que tejen artistas de la talla de Yves Xala o Martínez de Irujo: enormes, rápidos y de corte más estilista. Así, los debutantes se curtieron en golpes, dolores, distancias, brechas, desperfectos, errores, aciertos, juego a bote, remates de aire… y un sinfín de arabescos dignos de un partido completo, larguísimo y brutal por el despliegue.

Tal fue el esfuerzo, que Merino ni podía hablar al término del encuentro, siempre falto de respiración. Y eso que parecía que el de Villar de Torre iba a derrumbar al ataundarra a las primeras de cambio sin apenas esperar que el manista guipuzcoano se anclara en el cruce de caminos. De este modo, pese a acabar sin el resuello, una tacada de seis tantos colocaba en bandeja de plata la cabeza de Albisu para Merino. Pero el de Ataun, acompañado por Luis Galarraga en la silla, fue irreductible. Si bien en los primeros compases acusó la tensión, tras acumular cuatro errores claros de bulto sacó a pasear la bata de cirujano, el bisturí y el escalpelo para tratar de tapar la brecha abierta sin anestesia.

Tanto por mérito, como por demérito rival, el zaguero de Asegarce se logró recomponer y gozar del saque, toda una ventaja en el mano a mano. Así, con estos mimbres, un dos paredes puso en norte su rumbo para abrazar el marcador. Con este bajón riojano, el manista de Ataun pudo recuperar el golpe y la chispa sin dejar de lado el saque. Derrumbados los resquicios de la tensión, sacudidas las esquirlas de los nervios, Albisu y Merino empezaron, entonces, un toma y daca intensísimo. El de Villar de Torre bajó el pistón y se echó hacia atrás y, desde el cinco y el seis, empezó el reparto de golpes. Los crochés guipuzcoanos y los sopapos de Merino iban todos duros y a la encía del contrario. Así, en estado de shock por la dureza del partido, los errores se intercalaban para abatir a los dos manistas. Pero, en este intercambio, la calidad en el tacto de Jon Ander decantó el luminoso de su lado para poner un 18-14 y una diferencia notable a falta de los últimos chispazos del choque, asfaltado de juego añoso. Los saques del guipuzcoano hacían mucho daño al riojano, que paró la tacada con una reminiscencia de juego aéreo: un gancho. Y vuelta a empezar. Otra tacada y Albisu diluyéndose entre el vendaval de Merino, intachable en este tramo, esgrimiendo dejadas y arrimadas. En un instante dio la voltereta David y Albisu quedó contra las cuerdas. Mientras, los cueros del de Villar de Torre ya estaban rotos. Insólito.

Albisu retomó aire con un error rival y un saque hasta estar a un solo tanto de la clasificación. Pero, esta resurrección le pasó factura y murió en la orilla, con dos errores fruto del sacrificio. Al final, Merino II se llevó el partido y se enfrentará a Aimar Olaizola en el Labrit el sábado. Acusará el riojano el cansancio del cuerpo a cuerpo de un partido ni brillante ni exquisito, simplemente brutal. Aliñado por la tensión y el despliegue. Y los desperfectos. Perfectos.