Aimar Olaizola vence en el frontón Bizkaia a Juan Martínez de Irujo y se mete en la final del Cuatro y Medio

27
noviembre
2012

Pertenece a Pelota Vasca

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Duración: 59 minutos; 12 de juego real.

 

Saques: 3 de Olaizola II (tantos 1, 16 y 21) y 2 de Martínez de Irujo

(tantos 14 y 16).

Faltas de saque: 1 de Olaizola II.

Pelotazos: 293.

Tantos en juego: 11 de Olaizola II y 9 de Martínez de Irujo.

 

Martínez de Irujo completó un buen duelo, pero los detalles dieron la victoria al delantero rival

 

 

 

 

 

Errores: 6 de Olaizola II y 8 de Martínez de Irujo.

Marcador: 2-0, 2-2, 2-3, 3-3, 3-6, 4-6, 4-7, 6-7, 6-12, 11-12, 11-14,

14-14, 16-14, 16-16, 21-16, 21-18 y 22-18.

Incidencias: Segunda semifinal del Cuatro y Medio de la LEP.M disputada en el frontón Bizkaia de Bilbao. Llenazo (3.000 espectadores). De salida se cantaron posturas de doble a sencillo favorables a Aimar Olaizola. Ejercieron de botilleros Asier Olaizola (con su hermano Aimar) y Patxi Eugui (con Juan Martínez de Irujo). Uno de los espectadores sufrió un infarto en la grada y tuvo que ser evacuado por los servicios médicos.

BILBAO. Perro de presa o bulldozer. Da igual. Ambos aspectos domina a la perfección Aimar Olaizola, quien se clasificó ayer para la final del Cuatro y Medio de Primera ante un genial Juan Martínez de Irujo, que no ratificó su dominio inicial abriendo mayores brechas en el luminoso. Y no fue porque no quiso. Fue porque un imperial Aimar exhibía rocosidad y músculo, a falta de su chispa para citas de tamaña entidad. Sospechoso habitual de perder la concentración, Irujo hizo en el Bizkaia de Bilbao un gran partido. No lo completó con la victoria. Pero serio, trabajador y rumboso cuando más lo necesitaba, pudo encontrarse con la victoria cercana frente al mayor dominador de la jaula de la historia. Y demostró esto último el manista de Goizueta al sobrevivir agarrado como una lapa al vaivén de zarpazos del coloso de Ibero, honesto hasta la extenuación en un encuentro durísimo y jugado a un ritmo espectacular. Aimar sacó su vena de vencedor sin estar excesivamente espectacular en el despliegue ofensivo, sin apelar al gancho de escuadra y cartabón como arma precisa; lo hizo construyendo la casa desde los cimientos: primero, aguantó el chaparrón de físico y juego de Martínez de Irujo y, después, refluyendo la gasolina en su cuerpo por los problemas de espalda que ha pasado los últimos diez días, Aimar ensordeció el Bizkaia a base de trabajo y golpes de genio cuando lo exigía la situación.

Comenzó el de Ibero huracanado, abrazado al velocímetro y a la sobriedad. Irujo, piloto de Fórmula 1, encajó un saque de salida y un gancho seguido, sin apenas desperezarse. Sin embargo, su explosividad ganó enteros una vez que los dos primeros tantos habían calmado la virtud de quitanieves del goizuetarra. Se desdibujó entonces el de Asegarce, mostrando la versión menos letal de su baraja de poses en el frontón. Ante la crisis carnívora del efervescente Aimar, Juan fue el que se puso las botas. Aprovechó esos momentos de fútil despliegue atacante del de Goizueta, como agarrotado, para imponer su martillo pilón. Aunque abrió brechas no fue tampoco fácil, no fue un camino de rosas. Juan pegaba y pegaba desde el centro de la cancha, mientras que Aimar tenía que correr y forjar cada defensa desde la flaqueza de quien se ve sin la luminosidad de sus mejores momentos.

Serio, increíblemente serio, Juan se adelantó hasta ponerse 6-12 y deslumbrar. Cada pelotazo suyo era un misil con la intención de descalabrar al Aimar menos incisivo de los últimos tiempos. Sin embargo, rocoso el goizuetarra, se volvía una gesta himalayesca tumbarle, al reinar desde una atalaya de cemento macizo. Y fue Aimar eso, cemento. Alquitranando el partido, metiéndole densidad, acechando desde la defensa ante los problemas de creación, Olaizola sobrevivió ante el asedio de un Juan inconmensurable.

Hasta que cedió el ariete iberoarra. Cedió Juan porque a Olaizola volvió a besarle el fuego de su zurda y la dureza del envite le pasó factura. Desde el sacrificio, en un partido cimentado desde la clase obrera, Aimar se puso a mandar sin fallar y el dominio que hasta entonces había tenido Martínez de Irujo fue volteándose del lado del delantero colorado. Con el 6-12 inició la escalada el goizuetarra, contra viento y marea, aguantando la erupción por momentos de su adversario, que hizo daño. Un remate de Irujo con la cancha toda para él, que podía haber cambiado la tendencia de una tacada de tres tantos de Aimar y ponerle al de Ibero con el saque y un sabroso 9-13 en el luminoso, se cayó y fue el principio del final. Poco a poco, el de Goizueta fue zampándose la distancia creada por el mejor Irujo: Primero, adoptando la táctica del perro de presa y, después, la del bulldozer. Sacando, siempre, la virtud del superviviente.